La Nueva Escuela Mexicana (NEM) considera en sus principios fundamentales, la Promoción de la cultura de la paz. Este principio busca formar a los educandos en valores, actitudes y comportamientos que rechacen la violencia y propicien el diálogo constructivo y la solidaridad para la solución no violenta de conflictos (Subsecretaría de Educación Media Superior, 2019). Ante ello, los juegos cooperativos emergen como una herramienta pedagógica para cumplir con esta misión. En muchas ocasiones, la sociedad demanda valores de competitividad e individualismo, que se reflejan en la escuela al valorar más la calificación que el proceso de aprendizaje. El aprendizaje cooperativo, por el contrario, reemplaza esta estructura competitiva por una basada en el trabajo en equipo y el alto desempeño, promoviendo la interdependencia y el desarrollo de habilidades sociales cruciales para una convivencia armónica.

Antecedentes
Como lo mencionan Johnson, Johnson y Holubec (1999), el concepto de aprendizaje cooperativo tiene raíces profundas, con investigaciones que se remontan a 1898, sumando más de 600 estudios experimentales y más de 100 estudios correlativos sobre métodos de aprendizaje.
Los juegos cooperativos como propuesta educativa según lo señalan la FISC y ENRED (s.f.) surgieron en Estados Unidos y Canadá durante la década de 1960. Posteriormente, psicólogos alemanes los adaptaron en Europa, creando juegos de mesa cooperativos y transformando mecanismos de juegos al aire libre. Estudios antropológicos, como los de Margaret Mead, sugieren una relación estrecha entre la frecuencia de los juegos cooperativos y el carácter no violento de ciertas culturas.
A partir de los años 70 y 80, investigadores como Terry Orlick, Fabio Otuzzi Brotto, Paco Cascón y Xesús Jares impulsaron estas actividades como instrumentos no competitivos para fortalecer capacidades y promover la paz (Cerdas Agüero y Limpens 2016). Actualmente, diversas organizaciones promueven esta metodología activa para fomentar valores de solidaridad, cooperación y resolución de conflictos en la educación, tanto a nivel formal como no formal, aprovechando enfoque pedagógico innovador como un instrumento significativo en la educación en los valores de la paz.
Definición
Orlick (como se citó en Cerdas Agüero y Limpens, 2016) considera que los juegos cooperativos son un espacio para la diversión y la participación, libres de competencia y agresiones. Convirtiéndose en experiencias formativas que buscan promover nuevas formas de relacionarnos a través de actitudes de sensibilización, comunicación, cooperación y solidaridad. A diferencia del aprendizaje competitivo o individualista, los retos en los juegos cooperativos se estructuran de tal manera que el grupo y las personas que lo conforman solo alcancen sus objetivos si los demás también alcanzan los suyos, logrando con ello que todos vivan la experiencia de logro.
Objetivo
El objetivo principal de los juegos cooperativos es favorecer el desarrollo integral de las personas en diferentes dimensiones permitiéndole alcanzar el equilibrio psíquico (emocional y afectivo) en procesos tales como el autoconocimiento, la afirmación y la autoestima, la gestión emocional, la empatía y el razonamiento moral (FISC y ENRED, 2006).
Modo de aplicación
La aplicación de los juegos cooperativos se recomienda siguiendo un proceso gradual que fortalezca la grupalidad, a menudo representado como una escalera (Cascón, 2007; Limpens, 2009) que incluye fases como Rompehielos, Presentación, Confianza, Comunicación, Cooperación y, finalmente, Resolución de Conflictos.
Como ejemplo para trabajar el conocimiento entre las personas que conforman un grupo, te presentamos el juego “Nuestra Calle”, este juego puede aplicarse a partir de los 8 años de edad, tiene una duración aproximada de una hora y se leva a acabo en espacios interiores, su ritmo es tranquilo y requiere materiales sencillos como papel y colores.
El juego consiste en dibujar aspectos de nuestra casa y calle para que otras personas adivinen de quien es cada dibujo. Como objetivo se favorece la observación consciente de los entornos personales de cada participante, promoviendo el reconocimiento de las similitudes y diferencias entre las personas del grupo, con el fin de fortalecer la empatía, el respeto y la comprensión mutua como base para la construcción de una cultura de paz.
Para la preparación del juego en hojas grandes (pliegos doble carta o más, una hoja por persona) se traza una línea horizontal exactamente en la misma altura de todas las hojas, a una cuarta parte de la hoja, medida desde abajo. La parte de abajo representa la acera (la banqueta) y la parte de arriba (tres veces más grande) representa la casa.

Primera parte del juego
El grupo se distribuye en pequeños equipos para compartir colores y materiales de dibujo. Se trata de no dejar ver los dibujos a otros equipos (para no estropear la actividad de adivinar de quien es cada dibujo). Cada quien tiene que dibujar su casa (parte de arriba) y aspectos de su calle (parte de abajo) con todo lo que contenga.
La persona que coordina piensa de antemano en preguntas que les estimulen a describir hechos que acontecen en sus casas o en la calle y que ayudan a ilustrar el dibujo. Cada participante dibuja su propia casa. La parte externa, la fachada, será suficiente, pero si quieren incluir aspectos internos será más divertido: una puerta o una ventana está abierta y se puede ver el interior. También se puede quitar la fachada totalmente para ver todo el interior. Además, se va a dibujar la acera: ¿Hay un jardín, un bote de correo, un bote para la basura, un poste de luz? ¿Qué tipo de iluminación? ¿Hay una selva de cables por todos lados? ¿Hay árboles, jardineras o flores? ¿Quién pasa mucho por allí? ¿Juegan niñas o niños en la banqueta?

Segunda parte del juego
Se recogen y revuelven los dibujos terminados y se acomodan en línea, doblados por la raya de la acera. Estas se acomodan en el piso (acostadas) y la parte de las casas se queda vertical con ayuda de una cuerda y unas pinzas o cinta. Así se crea la ilusión de una calle que todo el grupo puede ver. Las personas participantes tendrán que adivinar quien vive en cada casa (obviamente no hablan sobre los dibujos de su propio equipo, ya que los conocen). Cada quien puede explicar un poco algunos elementos de su dibujo.

Procesamiento de la experiencia
Por último, se invita a los participantes a compartir como fue su experiencia a través de preguntas como las siguientes ¿Les gustó dibujar su casa y su calle? ¿Lograste adivinar algunas casas?, ¿Aprendiste algo sobre tus compañeros y compañeras, su vida, su familia, su casa? ¿Cómo te sientes ahora en el grupo?
Rol del docente y del aprendiz

Sugerencias para su implementación
Para implementar los juegos cooperativos y el aprendizaje cooperativo en general, se recomienda iniciar con juegos de menor reto o exigencia social, permitiendo que el grupo vaya madurando conforme se avanza en el proceso de aprendizaje para la cooperación, llegando a plantear juegos de mayor reto o tensión social, solamente cuando el grupo se encuentre listo para ello. De igual forma, es fundamental hacer énfasis en los “procesamientos” o “círculos de reflexión” sobre lo vivido para llevar la experiencia de los juegos de un nivel de conocimiento tácito al reconocimiento consciente del proceso atravesado, así como de las habilidades y retos abordados como camino de desarrollo personal- colectivo y la construcción de aprendizajes.












Ventajas y desventajas de la estrategia
Ventajas
A través de los juegos cooperativos, se favorecen las relaciones positivas entre estudiantes, la generación de un concepto positivo, el clima positivo del grupo, se incide sobre la motivación de los participantes y promueve la inclusión frente a la diversidad.
Desventajas
La implementación de procesos de aprendizaje a través del juego conlleva asumir y sostener la angustia generada por vivir procesos basados en la incertidumbre y la subjetividad de los participantes que, aunque tienen una intencionalidad formativa, adquieren forma a partir de las interacciones, los significados y las relaciones establecidas en la vivencia individual y la experiencia colectiva. Así mismo, el tránsito de la conceptualización de la didáctica como un camino lineal y dirigido por el docente hacia un proceso de múltiples posibilidades implica que el facilitador disponga de dispositivos y herramientas pertinentes a las necesidades formativas del grupo más que a la lógica inicial establecida en la planificación de un curso. De igual forma, dependiendo de la cultura organizacional del centro educativo, pueden requerirse distintas gestiones administrativas para contar con espacios adecuados para realizarlos.
Conclusiones
Los juegos cooperativos representan una tendencia pedagógica esencial y urgente para el siglo XXI. Al centrarse en la interdependencia positiva y la responsabilidad individual y colectiva, esta metodología transforma el aula en un espacio público democrático donde se cultiva la solidaridad, el respeto por la diferencia y el manejo no violento de conflictos. La implementación de esta tendencia requiere que el docente adopte la actitud de un facilitador, planificando cuidadosamente, acompañando activamente y dedicando tiempo explícito a la reflexión grupal (procesamiento). Solo mediante este compromiso sostenido se podrá reemplazar el modelo de competitividad y avanzar hacia una sociedad más justa, equitativa y con una sólida cultura de paz.
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El Mtro. Efraín Muñoz Mercado es Coordinador de Integridad Académica en la Universidad La Salle Bajío, docente de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la misma Universidad, así como miembro de Kunlab consultoría enfocada en la promoción de la cultura de paz a través de la lúdica. Correo electrónico: emunozm@lasallebajio.edu.mx
Referencias
- Cascón, P. (2007). La alternativa del juego 2. Juegos y dinámicas de educación para la paz. (10a ed.). Los libros de la Catarata.
- Cerdas Agüero, E., & Limpens, F. (2016). Jugando ando: Guía introductoria de juegos cooperativos. IDELA, Universidad Nacional.
- FISC & INTERED. (n.d.). Juegos Cooperativos (Primaria) [Propuesta Educativa].
- Johnson, D. W., Johnson, R. T., & Holubec, E. J. (1999). El aprendizaje cooperativo en el aula. Editorial Paidós SAICF.
- Subsecretaría de Educación Media Superior. (2019, agosto 8). La Nueva Escuela Mexicana: Principios y orientaciones pedagógicas. Secretaría de Educación Pública. https://dfa.edomex.gob.mx/sites/dfa.edomex.gob.mx/files/files/NEM%20principios%20y%20orientació%C3%ADn%20pedago%C3%ADgica.pdf
Fuente de la imagen:
Ilustración original generada con Open AI (2025), inspirada en la tendencia pedagógica de Juegos Cooperativos y Cultura de Paz. Uso educativo no comercial.
