Lo que realmente enseña un comentario: repensar la retroalimentación

¿Alguna vez has recibido un comentario en una tarea que solo decía “bien hecho” o “mejorar redacción”? Seguro sí. Y aunque esas frases parecen amables o constructivas, en realidad dejan una sensación de vacío. ¿Qué significa “bien”? ¿Cómo se mejora? Esa duda está en el corazón de un estudio que exploró cómo maestros y estudiantes de ciencias perciben la retroalimentación escrita formativa: esa que no solo califica, sino que busca mejorar el aprendizaje.

La investigación, realizada en escuelas secundarias, reveló algo importante: tanto docentes como estudiantes valoran la retroalimentación, pero la entienden de formas distintas. Para muchos alumnos, un buen comentario del profesor se traduce en una calificación alta o en un elogio. En cambio, para los profesores, la retroalimentación tiene un propósito más profundo: ayudar a que el estudiante reflexione, cuestione y aprenda a pensar por sí mismo. Es decir, no se trata solo de dar respuestas, sino de abrir conversaciones.

El problema surge cuando esta retroalimentación se convierte en un monólogo. El docente escribe, el estudiante lee (a veces sin entender) y todo termina ahí. El estudio propone cambiar esa lógica: que la retroalimentación sea un proceso de ida y vuelta, una especie de “dar y recibir”. Cuando los alumnos responden a los comentarios, preguntan o explican cómo los aplicaron, el aprendizaje se vuelve activo, dinámico y mucho más significativo.

Además, los investigadores encontraron que los estudiantes aprenden mejor cuando la retroalimentación no solo señala errores, sino que también reconoce el esfuerzo y da sugerencias concretas. Un simple “buen trabajo” no motiva tanto como un “tu hipótesis fue clara, podrías fortalecer la conclusión conectando con tus resultados”. La diferencia parece mínima, pero cambia por completo la forma en que el estudiante se involucra con su propio proceso.

Desde la educación, esta reflexión es clave. Los profesores, sin importar la disciplina, pueden convertir la retroalimentación en una herramienta poderosa de acompañamiento, no de juicio. Y los estudiantes, por su parte, pueden asumir un papel más activo al dialogar con sus evaluaciones, preguntar y reflexionar sobre sus avances. Al final, aprender no es solo recibir información, sino aprender a conversar con ella.

Porque la retroalimentación no se trata de corregir para aprobar, sino de acompañar para crecer. Y quizá, si entendemos eso, los comentarios en nuestras tareas dejarán de ser el cierre de un trabajo y se conviertan en el comienzo de un nuevo aprendizaje.

Si quieres revisar la información completa, te invito a que la consultes con la siguiente información:

Rabbani, L., Tairab, H., Qablan, A., & Efstratopoulou, M. (2025). Give–and–take in the practice of feedback: formative written feedback as perceived by the secondary science students and teachers. Cogent Education, 12(1).

Fuente de la imagen:

Google. (2025). Ilustración conceptual de la retroalimentación como un proceso de ida y vuelta y conversación para fomentar el crecimiento [Obra de arte generada por IA]. Gemini. Recuperado de la conversación personal con el usuario.

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