En medio de la crisis ecosocial (ambiental, social y cultural), cada vez se escucha más una idea potente: no basta con “ser sostenibles”, necesitamos regenerar. Pero… ¿qué significa realmente educación regenerativa y cómo se está formando a las y los docentes para asumir ese reto? Un artículo reciente responde desde una ruta interesante: en lugar de opinar “a ojo de buen cubero”, realiza una sistematización crítica mediante un análisis bibliométrico de 142 artículos publicados entre 2000 y 2024, para mapear tendencias, vacíos y tensiones en este campo emergente.
Los autores encuentran que la producción científica crece con fuerza a partir de 2015, pero se concentra principalmente en países del Norte Global. Y aquí viene una pregunta incómoda: si la crisis afecta de manera desigual a territorios del Sur, ¿por qué las voces y experiencias del Sur Global aparecen tan poco en lo que se publica y se “valida” como conocimiento? El artículo señala que esta concentración refuerza un “monocultivo epistémico”: una forma dominante de producir saber que deja fuera otras maneras de comprender y cuidar la vida.
Otro hallazgo clave es qué tipo de educación regenerativa domina en los estudios. Predominan enfoques técnicos o funcionales, centrados en competencias y ajustes curriculares, sin cuestionar a fondo el modelo educativo y sus bases estructurales. ¿Te suena? Es como si “regenerar” se redujera a una lista de acciones “verdes” sin tocar las relaciones de poder, la justicia social o la dimensión ética del cuidado. Aunque sí aparecen aportes críticos y decoloniales, siguen siendo minoría.
Además, el estudio detecta dos ausencias fuertes: poca territorialización, muchas propuestas son “globales” pero poco situadas; y casi nula integración explícita de saberes ancestrales y populares. Entonces vale preguntarse: ¿puede una educación llamarse regenerativa si no dialoga con las memorias, prácticas comunitarias y conocimientos locales que han sostenido la vida en tantos territorios? Los autores argumentan que, sin esa apertura inter-epistémica, la regeneración corre el riesgo de quedarse como metáfora bonita, pero sin potencia transformadora. En sus conclusiones, el artículo propone un giro: pensar la educación regenerativa como paradigma ético y transformador en la formación docente, articulado con justicia ecológica, afectividad, territorio e interepistemicidad. Y deja una invitación clara para el campo: avanzar hacia investigaciones más cualitativas, participativas y situadas, recuperando voces de docentes, estudiantes y comunidades. La pregunta final podría ser: si formar docentes es formar futuros posibles, ¿qué tipo de futuro estamos cultivando cuando solo escuchamos a unas cuantas regiones del mundo?
Sí te interesa, conoce más del tema consultando la investigación completa con la información proporcionada a continuación:
Granizo Jaramillo, D. X., & Sarmiento Berrezueta, S. M. (2026). La educación regenerativa en la formación docente: Sistematización crítica a partir de un análisis bibliométrico. Clío. Revista de Historia, Ciencias Humanas y Pensamiento Crítico, 6(11), 571
Fuente de la imagen
OpenAI. (2026). Ilustración digital sobre educación regenerativa, conocimiento territorial y diálogo de saberes [Imagen generada por inteligencia artificial]. DALL·E.
