Experiencias de bullying en entornos universitarios y sus huellas invisibles

Por lo regular, cuando pensamos en acoso escolar, solemos imaginar niñas, niños o adolescentes siendo víctimas de estos hechos, pero, ¿qué pasa cuando el acoso ocurre en la universidad? La investigadora Elisa Luukinen, analiza las experiencias de 19 estudiantes de educación superior en Finlandia que fueron víctimas de bullying durante su trayectoria académica. A partir de las narrativas recogidas mediante cuestionarios anónimos y entrevistas, la investigación muestra que el acoso en la universidad existe y muchas veces permanece oculto porque no siempre encaja con las definiciones tradicionales de bullying.

Uno de los aportes más importantes del estudio es que el acoso universitario suele comenzar de forma ambigua. Al inicio, muchas personas no saben si lo que viven “cuenta” como acoso: miradas, silencios, exclusión de grupos, rumores, comentarios incómodos o el rechazo en trabajos colaborativos. ¿Cuántas veces una persona se pregunta si está exagerando antes de reconocer que está siendo dañada? La investigación muestra que esta incertidumbre es parte del proceso y puede hacer que las víctimas tarden en pedir ayuda o incluso busquen explicaciones en sí mismas.

Además de lo anterior, en el estudio se propone un “arco de victimización por bullying”, inspirado en la estructura narrativa de Freytag (1863). La autora, a través de este arco, muestra cómo la experiencia pasa por varias etapas: la escena inicial, el desarrollo del acoso, el punto de quiebre, el impacto, la búsqueda (o ausencia) de apoyo y el cierre de la experiencia. Esta representación permite analizar el bullying no solo como una serie de actos aislados, sino procesos que transforman la vida cotidiana, las emociones, la participación académica y el sentido de pertenencia de quienes lo viven.

Un hallazgo especialmente fuerte es la denominada soledad multilateralde las víctimas. No solo se sienten excluidas por sus pares, sino que muchas veces también se enfrentan solas a las consecuencias, con poco apoyo institucional o sin protocolos claros para denunciar y resolver la situación. ¿Qué pasa cuando la universidad, que debería ser un espacio de formación y crecimiento, se convierte en un lugar donde alguien siente que no pertenece? En los testimonios que sirvieron para el análisis de la información se encontró que algunas personas encontraron alivio al cambiar de grupo, mudarse, abandonar espacios estudiantiles o simplemente esperar a que el contexto cambiara. Pero esa salida, aunque práctica, deja una pregunta incómoda: ¿por qué suele ser la víctima quien tiene que irse?

El artículo concluye que las instituciones de educación superior necesitan atender con la seriedad que se merece, las percepciones de quienes dicen haber sido víctimas. No basta con discutir si una situación cumple o no con una definición formal de acoso; es necesario escuchar el daño, atenderlo y prevenirlo. La autora señala la necesidad de protocolos claros, formación para estudiantes y personal, figuras de apoyo y una cultura universitaria basada en el respeto y la compasión. Al final, el reto no es solo combatir el bullying, sino construir universidades donde nadie tenga que sobrevivir en silencio.

Conoce la investigación completa con la siguiente información:

Luukinen, E. (2026). Higher education students’ bullying victimization experiences. International Journal of Research in Education and Science, 12(1), 1–19. https://doi.org/10.46328/ijres.5309

Fuente de la imagen

OpenAI. (2026). Ilustración conceptual sobre experiencias de bullying en entornos universitarios y sus huellas invisibles [Imagen generada por inteligencia artificial]. DALL·E.

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