Contraespacios digitales: cómo las redes de apoyo impulsan a las mujeres en tecnología

Hablar de mujeres en tecnología no es hablar únicamente de habilidades digitales, cursos de programación o acceso a empleos mejor pagados. También es hablar de confianza, pertenencia, trayectorias, estereotipos y redes de apoyo. ¿Cuántas mujeres han dudado de su capacidad para entrar a un campo no porque no puedan hacerlo, sino porque durante años se les ha hecho sentir que ese lugar no les corresponde? Esta pregunta atraviesa un estudio realizado en Argentina sobre el desarrollo profesional de mujeres en el sector de tecnologías de la información y la computación.

El artículo analiza las experiencias de 29 mujeres argentinas que estudiaban o habían concluido estudios universitarios y que, además, participaron en programas breves de formación laboral y comunidades en línea para mujeres en tecnología. A partir de sus testimonios, las autoras muestran que estos espacios pueden funcionar como contraespacios, es decir, lugares donde las mujeres encuentran seguridad, acompañamiento y reconocimiento frente a un sector históricamente masculinizado. No se trata solo de aprender una herramienta técnica, sino de construir la certeza de que también pueden estar ahí.

Uno de los conceptos clave del estudio es la autoeficacia, entendida como la creencia que una persona tiene sobre su propia capacidad para realizar una tarea o enfrentar un desafío. En el caso de las mujeres entrevistadas, esta confianza se fortaleció cuando pudieron observar a otras mujeres con experiencia, recibir retroalimentación positiva, compartir dudas sin miedo y sentirse parte de una comunidad. Esto es muy importante porque nos recuerda que las trayectorias profesionales no se construyen en solitario, sino que también dependen de los entornos que habilitan, sostienen o limitan nuestras posibilidades.

Los hallazgos muestran que las comunidades de apoyo (como grupos de WhatsApp, redes en línea, mentorías o programas pensados para mujeres) ayudaron a disminuir el aislamiento y a cuestionar ideas como “esto no es para mí” o “no soy suficientemente buena”. En esos espacios, muchas participantes pudieron hablar del síndrome del impostor, de sus miedos, de la discriminación y de las barreras que enfrentaban. Y al escucharse entre ellas, algo cambiaba: la duda individual se convertía en una experiencia compartida, y la experiencia compartida abría la posibilidad de resistir y continuar.

Sin embargo, el artículo también deja una advertencia importante: no cualquier curso o comunidad se convierte automáticamente en un espacio transformador. Para que estos entornos realmente fortalezcan la participación de las mujeres en tecnología, deben promover seguridad, pertenencia, acompañamiento, modelos femeninos y una reflexión crítica sobre los estereotipos de género. En otras palabras, la inclusión no se logra solo abriendo la puerta; también hay que cuidar lo que ocurre una vez que las mujeres entran. La pregunta final que nos deja este estudio es profundamente educativa y social: ¿qué tipo de espacios estamos construyendo para que más mujeres no solo lleguen a la tecnología, sino que permanezcan, crezcan y se reconozcan capaces dentro de ella?

Interesante ¿cierto?, te invito a revisar la investigación completa con la información que te comparto a continuación.

Millenaar, V., & Snodgrass Rangel, V. (2026). Women’s career development in the information technology and computing sector in Argentina: How counterspaces cultivate self-efficacy. Education Policy Analysis Archives, 34(9). https://doi.org/10.14507/epaa.34.9343

Fuente de la imagen

OpenAI. (2026). Contraespacios digitales: redes de apoyo para mujeres en tecnología [Imagen generada por inteligencia artificial]. ChatGPT.

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