El trabajo intelectual invisible de las mujeres mayores

Cuando pensamos en el aprendizaje en las y los adultos mayores, muchas veces imaginamos cursos, talleres o actividades diseñadas para “mantener activa” la mente de las personas mayores. Pero ¿qué pasa con todo ese conocimiento que las personas mayores ya producen, sostienen y comparten todos los días? Este artículo propone mirar con otros ojos el trabajo intelectual que realizan las personas mayores, especialmente las mujeres, en espacios cotidianos como la familia, el cuidado, el voluntariado, la comunidad y la transmisión de saberes entre generaciones.

La autora plantea el concepto de trabajo cognitivopara nombrar una labor que casi siempre permanece invisible: pensar, organizar, recordar, acompañar, enseñar, cuidar, orientar, resolver problemas y sostener emocionalmente a otros. En la vida diaria, muchas mujeres mayores coordinan cuidados familiares, acompañan procesos de enfermedad, transmiten historias, enseñan saberes culturales, apoyan a nietas y nietos, participan en actividades comunitarias o funcionan como referentes éticos y afectivos. Sin embargo, pocas veces estas actividades se reconocen como trabajo intelectual. ¿Cuántas veces hemos llamado “ayuda” o “apoyo” a lo que en realidad implica una enorme capacidad de análisis, memoria, juicio y responsabilidad?

Desde una perspectiva feminista y gerontológica, el artículo cuestiona las ideas tradicionales que asocian la vejez con dependencia, pérdida o pasividad. En lugar de mirar a las personas mayores solo como receptoras de cuidados o servicios, propone reconocerlas como productoras de conocimiento. Esta mirada es especialmente importante para las mujeres mayores, porque muchas de sus contribuciones han sido históricamente desvalorizadas por ocurrir en espacios domésticos, familiares o comunitarios; es decir, fuera de las instituciones formales y fuera del mercado laboral remunerado.

Uno de los aportes más valiosos del texto es que amplía la idea de aprendizaje a lo largo de la vida. Aprender no solo sucede en un aula ni se mide únicamente con diplomas. También ocurre cuando una abuela enseña una lengua originaria a sus nietos, cuando una mujer mayor acompaña a otra persona en un proceso de enfermedad, cuando organiza redes comunitarias o cuando comparte historias que sostienen la memoria colectiva. En el artículo se propone un marco muy claro: el aprendizaje informal genera productos cognitivos (como mentoría, cuidado, transferencia cultural y organización familiar) que adquieren valor social cuando son reconocidos.

En este sentido, reconocer el trabajo cognitivo de las mujeres mayores no es solo un gesto simbólico; es una cuestión ética, política y educativa. Implica preguntarnos qué tipo de conocimientos valoramos, quiénes son considerados “expertos” y qué saberes dejamos fuera por no estar certificados o remunerados. Tal vez una sociedad más justa no sea solo aquella que cuida a sus personas mayores, sino aquella que también escucha, reconoce y coloca en el centro los conocimientos que ellas han sostenido durante toda la vida.

Para conocer la investigación completa, consulta el artículo con la información que aparece a continuación.

Amundsen, D. (2026). Cognitive labor and the older learner: A feminist perspective on intellectual work in later life. The Gerontologist, 66(1), gnaf289. https://doi.org/10.1093/geront/gnaf289

Fuente de la Imagen

OpenAI. (2026). El trabajo intelectual invisible de las mujeres mayores [Imagen generada por inteligencia artificial]. ChatGPT.

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